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Entrevista a Bernard Sumner y los Chemical Brothers

(Gracias Alejo por pasarnos la entrevista)

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Inventor de la música dance moderna, New Order merecía una pequeña devolución de favores de sus herederos, que se cumplió en el versátil y apasionante Surrender, el nuevo disco de los Chemical Brothers, al que Barney Sumner acaba de prestarle su emocionante voz neutra. Una buena ocasión para un encuentro exclusivo entre el cantante de New Order y los dos Chemical Brothers, hablando de Manchester, Kraftwerk y de los clubs neoyorquinos.

Entrevista JD Beauvallet

Se acuerdan de Barney Sumner, el cantante de New Order, el antiguo guitarrista de Joy Division, el que acaba de grabar un tema con los Chemical Brothers, Out of Control? Joy Division y New Order, ustedes saben, esos grupos que arrastraron en su estela a la más bella armada de sobretodos grises. Muy pronto, sin embargo, los sobrevivientes de Joy Division fueron infieles a la leyenda mórbida que estaba construyéndose a sus espaldas, alrededor del suicidio de su cantante Ian Curtis. El grupo, sin embargo, fue leal y mantuvo el testamento de su suicida: un amor sin límites por la música electrónica. Ian Curtis se mató en la víspera del primer viaje a Norteamérica de Joy Division, donde los esperaba la gloria. Irónicamente, New Order nace realmente durante su primer viaje a Nueva York. Porque Barney Sumner descubrirá la noche neoyorquina, clubs como la Danceteria o como Hurrah, donde gays y chicos negros, bajo el efecto de drogas todavía inéditas en Europa, se abandonaban a la música electrónica, al hip hop sintético. Electricista diplomado antes de convertirse, gracias al punk, en músico intuitivo, Barney Sumner agarra su soldadora y arma algunos sequencers rudimentarios. Esos instrumentos prehistóricos le permiten darle cuerpo a esa visión deslumbrante que tuvo en las noches neoyorquinas: un grupo de rock tomando de la música dance su electrónica para crear una mezcla de rigor y excesos, de precisión y fragilidad. Después de un error de conexión en su estudio de Manchester, donde Barney enchufa sin darse cuenta su sequencer casero al charleston de su baterista, el grupo inventa en vivo y en directo la primera canción de música dance moderna, la siempre actual Everything's Gone Green, borrador de un monstruo por venir: el inagotable Blue Monday, asombrosa pasarela que unirá, a partir del 83, el rock y la música dance. Disco fundamental, Blue Monday y su bombardeo de cajas de ritmo y de sequencers le devolverán a Inglaterra el gusto por el dance. Desde Nueva York, New Order traerá también otro monumento histórico: el grupo invertirá las ganancias de Blue Monday en una gigantesca discoteca, la Hacienda. Es ahí donde el house de Chicago, el techno de Detroit o los ritmos baleares de Ibiza encontrarán la más indulgente acogida en Inglaterra.

A fines de los 80, Manchester venía de pasar por dos veranos del amor, con sus tornados de acid house y sus lluvias de ecstasy, cuando dos estudiantes del sur de Inglaterra, que habían venido a estudiar aquí por amor a New Order y a la música dance en plena erupción, se conocen precisamente en la Hacienda. Al principio se llamarán Dust Brothers, en homenaje al dúo de productores norteamericanos que acababan de crear el sonido de los Beastie Boys; luego los Chemical Brothers. Su primer disco, Exit Planet Dust, será también una marca fundamental en la historia de la música dance inglesa: los beats químicos, pesados y potentes, inauguran la restauración de la psicodelia. Instruida, tan monstruosamente eficaz como frágil, la música de los Chemical Brothers le debe mucho a New Order, incluso a veces sin saberlo. Porque al alimentarse de DJ norteamericanos repletos de Blue Monday o Confusion, los Chemical Brothers se limitaban a hacer regresar a Inglaterra algunas joyas de la corona. "Gracias a grupos como New Order, pasamos de una cultura estrictamente rockera al hip hop. Nos sirvió como puente. Y cuando descubrimos el techno, no nos sentimos desorientados, no fue ninguna revelación: ya conocíamos esas sonoridades gracias a ellos", nos decían hace dos años los Chemical Brothers, lejos de imaginarse que colaborarían tan pronto con su gurú en Out of Control. A los 43 años pero con aspecto de adolescente, Barney es un ícono para una generación a la que inició en el baile. Frente a los Chemical Brothers, que le deben ni más ni menos que su encuentro y su pasión por la música, aceptará hablar de esos momentos históricos en los que el rock y la música dance dejaron de dormir en cuartos separados para fundirse en una orgía mixta, cuyos resultados se llaman Tom y Ed.

 

Barney Sumner: No recuerdo mi primer encuentro con Tom y Ed, que en esa época todavía no eran los Chemical Brothers. Ellos sí se acuerdan: estaban estudiando en Manchester y al parecer un sábado a la noche yo golpeé la puerta de su casa. Creía que había una fiesta, seguramente me había equivocado de día o de dirección. Y estos cerdos ni siquiera me dejaron entrar.

Ed Simons: En esa época compartíamos una casa grande con otros estudiantes, y el sótano estaba reservado para las fiestas. Y esa noche estábamos todos mirando televisión cuando de pronto alguien golpeó la puerta. Era Barney, de New Order. No sabíamos cómo sacárnoslo de encima, le ofrecimos un pase para que se fuera (risas)... Y nunca nos volvimos a ver hasta que grabamos Out of Control juntos.

Los dos Chemical Brothers vienen del sur de Inglaterra. ¿Hasta qué punto la música, sobre todo la de New Order, influyó en la decisión de estudiar en Manchester?

Ed: Cuando era chico, New Order era mi grupo favorito. Me conocía de memoria el video de Confusion, que estaba filmado en los clubs neoyorquinos, que me mostró toda una cultura que yo ignoraba. Cuando supe que New Order había abierto un club en Manchester, la Hacienda, soñé con ir ahí. Finalmente, una vez que terminé la secundaria, pasé el verano del 89 en Manchester. Como iba al colegio, me había perdido por completo la explosión acid house del Summer of love del 88. Pero allí me puse al día. Y también estaban los Smiths.

Tom Rowlands: En el sur, el acid house me había shockeado: esa música parecía extraterrestre, misteriosa. Apenas llegué a Manchester, durante el verano del 88, de inmediato supe que me gustaría estar ahí: todas esas disquerías, esos clubs como la Hacienda... Fue ahí que conocí a Ed, porque los dos íbamos todos los viernes. El DJ Mike Pickering pasaba todas esas novedades increíbles que corría a comprarme al otro día. Toda mi vida se puso a girar entonces alrededor de la música: recitales, clubs, disquerías...

Barney: Entre el 87 y el 90, yo también me pasaba la vida en la Hacienda. De golpe, después de haber sido durante años un proveedor de música, me convertí en un simple receptor: tenía que recargarme. En la Hacienda al fin podía divertirme y consumir música sin sentir la necesidad de disecarla, de analizarla. Y cuando el club cerraba, siempre encontrábamos una fiesta privada donde terminar la noche ­de hecho, muchas veces era en mi casa. Los Happy Mondays y los Stone Roses venían a mis fiestas. Pero la policía terminó metiendo sus narices. Hay que decir que ese tarado de Shaun Ryder se había olvidado un paquete de droga en el sótano...

Ed: El primer verano que pude dejar la casa de mis padres, después de terminar el colegio, me fui a Ibiza. De casualidad, terminé yendo a ese club, Amnesia, que pasaba esa música venida de ninguna parte, mezcla de acid house e Ibiza...

Barney: Con New Order fuimos a grabar ese disco de New Order (busca un buen rato el título)... Technique (1989), a Ibiza. Yo ya había escuchado acid house en Londres, durante una fiesta privada en los sótanos del mercado de carne de Smithfield. Pero en Ibiza era algo alucinante, descubríamos cosas como Dance with the Devil (Barney y los Chemical se ponen a cantar a coro)... Allá los DJ estaban locos: cambiaban los discos cada treinta segundos... Nos pasamos tres meses en Ibiza con New Order, sin hacer nada. Pasábamos las noches en clubs, y durante el día estábamos demasiado cansados. Al final de la estadía, conseguimos de todos modos terminar una canción, que no tenía letra. Los demás integrantes del grupo me encerraron en mi habitación para que encuentre una letra, mientras ellos salían.

¿New Order era consciente en esa época de la influencia colosal que tenía sobre toda una nueva generación de DJs y de grupos electrónicos?

Barney: New Order no fue más que un eslabón en esa cadena. Si uno de nuestros discos permitió acelerar ese flujo del rock hacia la música dance, fue sin duda Blue Monday. En esa época no teníamos otra opción, era una cuestión de supervivencia. Con Joy Division habíamos llevado el rock tan lejos como era posible, y cuando Ian Curtis se suicidó, ya no sabíamos qué más hacer. Teníamos que encontrar una salida de emergencia. Fue gracias a la apertura de las oficinas de nuestro sello Factory en Nueva York que un disco como ése fue posible. Porque cada vez que íbamos a Nueva York, yo me pasaba el tiempo en clubs como Danceteria, Peppermint Lounge, Funhouse, Paradise Garage... Mientras que en Inglaterra los clubs estaban muy estancados, eran para viejos. Eso trastornó mi visión de la música. Empecé a tomar ácido, a apasionarme por la música dance, por la electrónica... Preguntándome al mismo tiempo por qué ningún grupo de rock integraba esos beats para hacer música en vivo. Pero en esa época el material para disparar las máquinas casi no existía. La única computadora disponible se llamaba MC4 y costaba una fortuna. Era demasiado amarrete para comprármela, así que decidí construirme yo mismo una computadora de control. Conocía a un genio de la informática, un amigo de nuestro productor Martin Hannett. Ese tipo era capaz de inventar cualquier aparato electrónico, cualquier programa. Así que le expliqué lo que necesitaba y él fabricó los circuitos, que después yo mismo monté con mi soldador. Era un tipo raro, me pedía que le pagara con ácidos. La tarifa eran ocho tabletas de ácidos por el plano de un sequencer (risas)...

Tom: La primera vez que escuchamos sequencers en su música fue en la época de Everything's Gone Green. ¿Es ese sequencer el que se escucha?

Barney: Es nuestro primer tema electrónico. Boludeando en un estudio, encontré un viejo sintetizador Oberheim, al que le enchufé nuestra caja de ritmos. A Martin Hannett, nuestro productor, le pareció divertido y enchufó esos aparatos a la consola. Sólo que entonces era el charleston de nuestro baterista Steve Morris el que prendía el sintetizador. Así que fue casi por el azar de las conexiones que nos convertimos en un grupo electrónico. Por más que yo sintiera que era la única salida posible. Sin duda fue por eso que fuimos considerados pioneros, porque éramos unos de los pocos, junto a Kraftwerk, Suicide, Cabaret Voltaire o la primera formación de Human League, que nos atrevíamos a tocar esa música en vivo. Mientras que ya era algo bastante común en la música dance, donde se empleaban cintas, loops, ecos, sequencers... Eramos muchos los que sabíamos que el futuro pasaba por ahí, pero todavía no teníamos los instrumentos como para lograrlo. La ventaja de usar de esa manera cintas y cinta scotch en vez de samplers, es que los accidentes pueden suceder. Si hubiéramos dominado bien nuestra máquina de ritmos, nunca habríamos compuesto Blue Monday.

Tom: Eso le da una personalidad a la música. Para una generación como la nuestra, con todo el material a su disposición, el problema pasa ahora por saber cómo usar la imaginación con semejante armamento.

Barney: Es mucho más difícil para ellos, porque la tecnología ya no impresiona a nadie. Mientras que nosotros lográbamos desconcertar a la gente. Producíamos sonidos nuevos, ritmos inéditos: en esa época la música electrónica no existía. De hecho, ése es mi problema con la música dance actual: la estilización a ultranza, el encierro en encasillamientos. Cada estilo tiene su kit de sonidos, de beats, de instrumentos...

Tom: Incluso hay cajas de ritmos especializadas y preprogramadas para el jungle, para el techno...

Barney: Es como ponerle una camisa de fuerza a la música. Si elegí ser músico, fue para ser libre de expresarme.

Ed: Siempre rechazamos furiosamente las etiquetas que trataban de pegarnos, desde el trip hop hasta el big beat. En nuestro nuevo disco, Surrender, hay una cierta voluntad de ir hacia una música todavía más universal. Tal vez ahora nuestros discos y nuestros sets de DJ sean diferentes. Me gusta esa cosa directa que tienen los sets de DJ, lograr una respuesta inmediata sin necesidad de llevar con vos dos camiones repletos de aparatos.

Barney: Es raro, pero muy pocas veces hice de DJ. Fui tan sólo DJ VIP, en cierto sentido (risas)... Tal vez porque prefiero bailar antes que trabajar. Y más que nada porque hay que comprar muchos discos para ser un buen DJ, y hacerlo cotidianamente. Y eso me cansa de antemano. Yo sólo pasaría mis viejos discos.